jueves, 12 de octubre de 2017

Palabras viejas

La última palabra debe ser la más vieja, la más sabia. Sí, también las palabras envejecen, solo que nunca mueren, y por eso rebrotan incansablemente y nunca terminan de anquilosarse. Pero la última, la que pongamos ahí delante, en el folio en blanco, en la frase inacabada, en la intuición naciente, debe ser la más vieja, la más sabia.

La filosofía, diría que el conocimiento todo, es camino, hecho a base de palabras, de vanos intentos por llegar a algún sitio, pero que, precisamente por ello, nos permiten seguir haciéndolo. Hay quienes mueren sin haber comenzado a andar. Los hay que dicen ser avezados caminantes y no han pasado de la máscara, o de la cáscara, como dirían los sabios Ludwig Wittgenstein o Guillem Martínez. Hay que olvidarse de ellas, que son trasiego, sombras de opiniones, vanos intentos de disimular el fruto. Hablemos con gravedad, hagamos camino, permitamos a esa palabra vieja, sabia, tener un lugar.

jueves, 5 de octubre de 2017

Deja que cada uno hable

Tarea del maestro es hacer confiable el conocimiento. Con mensajes alarmantes como "esto es muy difícil", "es imposible que entendáis nada", "te falta madurez", y un largo etcétera, no conseguiremos más que animadversión y recelo en nuestro auditorio. Como la diosa de Parménides, debemos invitar a nuestros alumnos a adentrarse en el mundo de las ideas, de los textos, de las emociones. Hay que invitarles, seducirles, tentar su curiosidad, que ya está ahí. Demasiado habituados están ya a toparse con barreras, límites y trampas. Tampoco la impaciencia es buena consejera. Otra condición para que acontezca la enseñanza como encuentro es la paciencia. La paciencia va a hacer que el alumno se abra a sí mismo, se decida a sí mismo. Decisión, es lo que a veces falta. Una escucha paciente puede liberar, redimir, curar al otro.

Demos entonces tiempo a nuestros alumnos, que demasiado lleno tienen ya el suyo con tanto tuit, whatsapp y "me gusta":

Deja que cada uno hable: tú no hables, porque tus palabras 
les quitan a los hombres su figura. 
Tu entusiasmo difumina sus fronteras: 
cuando tú hablas ellos ya no se conocen a sí mismos, sino que son tú. 

(Carl Hanser, El suplicio de las moscas)

domingo, 1 de octubre de 2017

Comunidades y redes sociales

Hay quienes todavía siguen pensando los fenómenos del siglo XXI con categorías del pasado. Y el problema no es pensar a destiempo los fenómenos, sino pretender que estos se ajusten a categorías caducas. Presiento que es el caso del fenómeno de los grupos y redes sociales, que ya no funcionan según los principios que hasta el presente han articulado las comunidades. Por definición, una red no contiene, sino que filtra, selecciona, y desecha. No podemos esperar de las redes sociales lo que hemos esperado de las comunidades. Las redes cazan, atrapan, se tejen, se hilan, se propagan, porque no encuentran resistencia. Nada se les resiste, pues enseguida encuentran acomodo en el «me gusta» o en los objetos digitales. Las redes están hechas del mismo material de lo que pretenden captar, de ahí que avancen sin limitación y no encuentren confrontación. Todo se acomoda a la vista, al registro, a la caza.

Por el contrario, las comunidades -científicas, filosóficas, religiosas, políticas- nacen de «lo otro», de lo extraño, de lo que confronta y por ello necesita ser afrontado. Lo asombroso, lo extraño, lo coactivo, nos sobrecoge, nos paraliza. Provoca una ruptura, una muerte en el discurso. La experiencia de extrañamiento nos hace tomar contacto con nosotros mismos. Sabemos que no somos eso. Sabemos que nos compete saber qué es eso. «Lo extraño» funda comunidades, frente a «lo dado», que forma redes y grupos sociales. Una comunidad es la respuesta a una necesidad de reunirse en vista de algo incomprensible o intolerable. De ahí que las comunidades contengan, reúnan, aglutinen, subyazcan a cualquier revolución. Por la comunidad nos encontramos, a diferencia de las redes por las que nos visitamos.  Los lazos que tejen la red social son muy distintos de los vínculos que nos unen a una comunidad. Los primeros igualan, mientras que los comunitarios reúnen. Estamos todo en lo mismo. Lo igual, a diferencia de lo mismo, no conoce diferencias. Cualquier punto es idéntico al resto. La parte se iguala al resto. En cambio, lo mismo admite diversidad. A lo mismo puede llegarse de diferentes maneras.

Una reflexión al hilo de La expulsión de lo distinto (Byung-Chul Han)

sábado, 23 de septiembre de 2017

Una aproximación a la filosofía de Josep Maria Esquirol

Hace unos meses supe que el filósofo Josep Maria Esquirol había obtenido el Premio Nacional de Ensayo 2016 por su libro La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad. Mi alegría fue doble: había sido un filósofo el ganador y el filósofo era Josep Maria Esquirol. Su pensamiento, generoso, siempre amigo, con el tiempo ha ido convirtiéndose para mí en uno de esos órganos con los que Goethe aseguraba ver el mundo. Es uno de esos filósofos cuyas ideas comentas allí por donde vas, que te acompaña en las noches de tormenta y en los días de sol refulgente. Es de esas personas  -pensaba mientras lo leía- que hacen del pensamiento una forma de vida, que entregan cuanto son a los demás en forma de pensamiento.

Tenía que contactar con él, hacerle llegar mis felicitaciones, aproximarme a su pensamiento con una entrevista que descubriera algunos de los secretos de su Resistencia íntima. Muy agradecido, asintió en concedérmela, y ahora la prestigiosa Revista Ábaco la publica en su número 91-92 dedicado al centenario de la Revolución rusa. El número, conformado por casi una veintena de artículos de prestigiosos especialistas multidisciplinarios, incursiona en la profunda huella social, cultural y política que todavía permanece tras los cien años de la Revolución rusa.




Adelanto la entradilla de la entrevista, que, completa con el número, puede adquirirse desde aquí:


Pregunta: Su libro, La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad, nos invita a vislumbrar los cimientos que, aunque provisionales y precarios, logran soportar la vida y las relaciones humanas. Es un viaje iniciático hacia lugares olvidados por la filosofía moderna y la tecnociencia actual: la primera, demasiado preocupada en buscar fundamentos firmes y seguros; la segunda, demasiado obstinada en reducirnos a consumidores anónimos. Su libro es una invitación a mirar, a mirar al otro con la «proximidad» necesaria para que se nos revele en su cualidad de «prójimo».

Respuesta. Sí, en efecto, es una llamada a mirar atentamente; a prestar atención. Atención y respeto están muy estrechamente vinculados. Incluso puede decirse que coinciden. Prestar atención no sólo, ni prioritariamente, significa agudizar la percepción y nuestra capacidad cognoscitiva, sino conseguir un cambio de actitud, a modo de un despertar y una vigilia de nuestro sentido moral. Si prestamos atención a los demás y a las cosas que nos rodean, acabaremos teniendo una actitud respetuosa para con la mayor parte de todo ello. Se dará una “aproximación” que convertirá a los demás en “prójimos”, y a las cosas y a las situaciones en la “familiaridad de la vida”.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Revolución y utopía

Comienza la V Olimpiada aragonesa de Filosofía, que esperamos despierte, si cabe, mayor interés que en ediciones pasadas. En vista del enorme éxito de participación del curso pasado, y de acuerdo siempre con las bases de la Olimpiada nacional, mantendremos el formato y las modalidades de la edición pasada, con lo que los alumnos de Dilema y Ensayo realizarán in situ las pruebas clasificatorias para la fase final. Además, este año contamos con todo un equipo de profesores que, generosamente, se ha ofrecido a colaborar en la organización de este evento. El blog seguirá siendo el vehículo fundamental de comunicación con los centros participantes, e iremos colgando en él el calendario con las fechas más significativas o las novedades que pudieran surgir.

El tema elegido, en un año en el que se se celebra el centenario de la Revolución rusa, es "Revolución y utopía". Se trata de un tema abierto, abordable desde muchos puntos de vista, y que aúna la tradición filosófica y la actualidad política. Revolución y utopía pretende ser un horizonte de reflexión sobre el que tratar cuestiones relacionadas con un mundo que parece más revolucionado que revolucionario. Como repite Slavoj Zizek, muchos hablan del fin del mundo pero nadie del fin del capitalismo: ¿Será que ha terminado el tiempo de las revoluciones? ¿Será que ha entrado en crisis la imaginación como productora de utopías? ¿Será que ha entrado en crisis la utopía misma? ¿Será que ya no hay quienes puedan asumir la tarea de transformar el mundo? ¿Pero a quién corresponde diseñar los modelos de transformación social: a los políticos, a las mayorías, a los intelectuales...? ¿O será que las revoluciones siguen produciéndose, solo que de manera distinta, casi silenciosa, imperceptible, hasta que ya no nos queden ojos para reconocerlas?



La comunidad anfitriona de la V Olimpiada Filosófica de España es Extremadura y tendrá lugar los días 4 y 5 de mayo de 2018.

Nuevos premios, nuevas oportunidades, nuevas experiencias, os esperan si os animáis a participar en esta estimulante aventura que es la Olimpiada filosófica. Pronto anunciaremos el calendario de actuación para que, tanto profesores como alumnos, vayáis preparándoos para esta nueva edición.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Actas del II Congreso internacional de la Red española de Filosofía

Ayer tuve la oportunidad de presentar mi trabajo De la frontera a la intemperie. Un recorrido filosófico por las diferentes formas de habitabilidad en el II Congreso internacional de la Red española de Filosofía. Fue para mí una experiencia inolvidable y desde aquí agradezco nuevamente a los asistentes y ponentes por su escucha atenta y recomendaciones. Aquí  podéis leer el conjunto de trabajos recopilados en las Actas, una buena muestra de que la filosofía no da la espalda a nuestro presente.

viernes, 11 de agosto de 2017

Exceso de «exceso»

Es el sentir del tiempo el que carga y descarga de valor a las palabras. Un tiempo de penuria y enfermedad añade valor a palabras como «salud», «curación» y «asilo», mientras que otro de paz y prosperidad extiende el campo de referencialidad a palabras como «progreso», «capital» y «gestión». En cada contexto, en cada conversación, tendrán que escucharse estas palabras. Surgirán derivados, neologismos, relacionados con aquellas. Apenas habrá fenómenos que no sean nombrados por ellas. Cada época tiene su sentir; cada sentir, su cortejo de significados.

Si hay una palabra de la que nuestro tiempo es deudor es la palabra «exceso». Vivimos en la época del exceso. Hay, valga la redundancia, un exceso de «exceso». Como diría Goethe, el exceso es un protofenómeno, quizá, el protofenómeno. Hay exceso de cantidad, de ofertas, de turismo, de información, de mensajes, de whatsapps, de velocidad, de datos, de almacenaje, de rendimiento, de capital, de “me gusta”, de prohibiciones, de permisividad… Casi todo lo que hoy en día existe en nuestro mundo es «excesivo», y cualquier falta (por ejemplo, de tiempo, de energía) lo es siempre como consecuencia y en relación al exceso (de premura, de exigencia de rendimiento) La falta necesita del exceso como el oxígeno del agua.

La forma de tratar con el exceso no es la orientación o la dirección. ¿Acaso puede reconducirse el flujo de agua producido por un desbordamiento, o pueden guiarse las acciones en un momento de desenfreno? El exceso supone descontrol, desbordamiento, dispersión. Y lo disperso, lo que se desparrama, lo que avanza descontroladamente hacia todas las direcciones, no admite la posibilidad de la orientación. Tampoco alguien, en dispersión, puede hacer pie para elegir la dirección a seguir. Los Führer y soberanos han necesitado de algo que dirigir o sobre lo que gobernar. Para elegir primero es necesario estar en situación de elegir. 

¿De qué pueden servir, por tanto, las éticas de fines?, ¿de qué puede servir aquel modo de pensar que busca, ante todo, proveer a la vida de un rumbo y de un ritmo? Necesitamos contar con otro tipo de acciones para afrontar el exceso. Paradójicamente, no es de medida, de equilibrio, de razonabilidad, lo que ahora necesita el mundo. Un mundo disperso, en dispersión, no puede hallar medida, razón, dirección. Necesita, más bien, de una acción que limite, que ponga freno a la dispersión. Y es que, en ocasiones, hay que aguardar a que termine de producirse la catástrofe para empezar a reparar los daños.